Durante los primeros años de vida, las niñas y niños dependen completamente de sus cuidadores para satisfacer sus necesidades físicas, emocionales y cognitivas. El vínculo afectivo que se establece en esta etapa es determinante para su desarrollo integral. Por ello, el bienestar de los cuidadores —padres, madres, familiares, educadores y personal de atención— no es solo deseable, sino fundamental. Un cuidador que se siente apoyado, valorado y emocionalmente estable tiene mayor capacidad para brindar una atención sensible, receptiva y enriquecedora.
Invertir en el bienestar de los cuidadores es una estrategia directa para mejorar los resultados en la primera infancia. Cuando los cuidadores se sienten acompañados y fortalecidos, pueden ejercer su rol con mayor confianza, paciencia y eficacia, lo que se traduce en entornos más seguros y estimulantes para los niños.
En América Latina y el Caribe, 172 millones de personas aún no cuentan con ingresos suficientes para cubrir sus necesidades básicas[1], lo que dificulta que los padres que viven en estas condiciones de vulnerabilidad accedan a oportunidades de apoyo. En contextos como México y Colombia, los cuidadores enfrentan múltiples desafíos:
- Pobreza y desigualdad: La falta de ingresos para cubrir las necesidades básicas de las familias genera que su bienestar físico y mental no sea el adecuado.
- Carga emocional y física: La falta de apoyo institucional y comunitario puede generar altos niveles de estrés, agotamiento y ansiedad.
- Estigmatización y falta de reconocimiento: El rol del cuidador, especialmente cuando es desempeñado por mujeres, suele ser invisibilizado o subvalorado.
- Acceso limitado a formación: En zonas rurales o marginadas, los cuidadores tienen pocas oportunidades de capacitación en temas de desarrollo infantil, salud mental o pedagogía.
- Crecimiento poblacional y diseño de ciudades: Las familias se mueven a las periferias de las ciudades donde las viviendas son más accesibles, pero donde no necesariamente hay los servicios necesarios para el desarrollo de las niñas y niños, como escuelas o centros de salud y suficientes espacios públicos como parques.
- Migración y movilidad: Los cuidadores en movilidad viven con estrés constante.
- Violencia y contaminación: Los barrios con altos índices delictivos y de contaminación generan que el bienestar de las familias se vea desfavorecido.
- Condiciones laborales: Muchos cuidadores, especialmente en el ámbito comunitario o informal, trabajan sin contratos, prestaciones ni acceso a servicios de salud.
En nuestros países es muy notorio este reto en particular: el crecimiento acelerado de la población urbana y la desconexión entre el diseño de las ciudades y las necesidades reales de las familias impacta directamente en los cuidadores, quienes deben enfrentar largos traslados, falta de transporte público eficiente y ausencia de espacios seguros para el juego y la convivencia. La falta de centros de salud, escuelas cercanas y áreas verdes no solo limita el desarrollo infantil, sino que también incrementa la carga física y emocional de quienes cuidan. Para revertir esta situación, hay que atrevernos a repensar de forma innovadora el urbanismo desde una perspectiva de cuidado de la primera infancia, priorizando entornos accesibles, integrados y pensados para el bienestar de niñas y niños y de sus cuidadores.
Es urgente visibilizar la importancia del bienestar de los cuidadores para la primera infancia y apoyar iniciativas innovadoras que contribuyan a esta causa, por ejemplo:
- Programas de acompañamiento psicosocial, que ofrecen espacios de escucha, formación y autocuidado.
- Modelos de corresponsabilidad familiar y comunitaria, que promueven la participación activa de padres, madres y redes de apoyo en la crianza.
- Tecnologías para el bienestar, como apps que brindan orientación emocional, recursos educativos y facilitan la conexión entre cuidadores.
- Centros de cuidado infantil con enfoque integral, que no solo atienden a los niños, sino también a sus cuidadores mediante talleres, asesorías y servicios de salud.
Para lograr un cambio sostenible, es indispensable la colaboración entre sectores: salud, educación, desarrollo social, sector privado y sociedad civil. Es por ello por lo que decidimos sumarnos al Good Start Challenge convencidos de que la innovación y la interacción entre sectores puede responder a este reto. Además, es urgente visibilizar el rol de los cuidadores como actores clave en el desarrollo de los países. Esto implica incluir su voz en el diseño de políticas públicas, reconocer su labor en los medios de comunicación y promover una cultura de respeto y valoración hacia quienes cuidan.
[1] Source: Social Panorama of Latin America and the Caribbean 2024: The Challenges of Non-Contributory Social. Protection in Advancing towards Inclusive Social D. UNITED NATIONS ECLAC, 2024.



